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| JUNIO 2009 (inauguración)|
Planta Piloto de
Producción
de Medicamentos
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DISCURSO
DE LA SRA. DECANA Fac. Cs. Bioquímicas y Farmacéuticas UNR,
DRA. CLAUDIA E. BALAGUÉ
/ 19.06.09



Ante todo, quiero agradecer profundamente la presencia del Sr. Gobernador Dr. Hermes Binner y del senador nacional Ing. Rubén Giustiniani, con quienes comparto ideas y acciones en pos de un país mejor.


A la señora Vicedecana, Dra. Martha Gatusso, y al señor Director Técnico, Dr. Nelson Sturtz, que han trabajado denodadamente en este desarrollo. A las empresas nacionales que producen el equipamiento de excelente tecnología, con el que hoy contamos. A la Fundación ROSCyTEC en nombre de su presidente, el Dr. Carlos Andreo. Y a las áreas académicas que participaron y participan de los diferentes proyectos institucionales.


Hoy inauguramos, luego de mucho esfuerzo, la Planta Piloto de Producción de Medicamentos de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas. Un proyecto que tuvo el apoyo incondicional del Rector Ricardo Suárez y la comprensión de su relevancia por parte del actual Rector Darío Maiorana. Es de destacar también el respaldo que hemos recibido en todos los planos por parte de la Secretaría de Estado de Ciencia, Tecnología e Innovación del gobierno de la Provincia de Santa Fe.


Se concreta, así, un deseo largamente anhelado por nuestra comunidad, un deseo que se pone en marcha para conjugar y dar sustento en un Proyecto a las tres misiones de la Universidad: Docencia, Investigación y Extensión. Inauguramos hoy la primera planta piloto y de producción a escala intermedia, de origen universitario, con la capacidad de generar medicamentos que no se están produciendo en el país y con la enorme potencialidad de transferir innovación científica y tecnológica a la producción pública de medicamentos de nuestra región.


A modo de ejemplo, el Ministerio de Salud Provincial, y la Nación nos están requiriendo la producción de cápsulas de Etionamida y Paraaminosalicilato (dos drogas antituberculosas), Albendazol como antiparasitario y Beznidazol, un antichagásico que hoy es un medicamento huérfano de producción.


El trabajo en coordinación con los dos Centros de Producción Pública: Laboratorio de Especialidades Medicinales (LEM) de la Municipalidad de Rosario y el LIF de la Provincia de Santa Fe, nos está requiriendo el desarrollo de nuevas formulaciones y estudios de estabilidad de medicamentos que ellos van a producir a gran escala, como un multivitamínico ACD.


Contamos también con el desarrollo de fórmulas magistrales para el tratamiento de escaras y quemaduras. Estos son algunos ejemplos de los desarrollos que estamos organizando.

Las instalaciones de la Planta cuentan hoy con la habilitación del Ministerio de Salud de la Provincia de Santa Fe y estamos tramitando la habilitación ANMAT.

No es un hecho aislado, es la concreción de un proyecto, la concreción  de un programa, de una política académica consensuada con todos los que día a día apostamos a una Facultad comprometida socialmente.

Bien podría decirse que esta planta se constituye en un símbolo que representa nuestra idea de Universidad. Podríamos tener las dos miradas simultáneas de Jano,  y plantear así que la Universidad Pública debe ser capaz de mirar hacia delante y hacia atrás, hacia adentro y hacia fuera al mismo tiempo.  Por ello, creo necesario analizar esta inauguración desde dos planos, lo que representa para la sociedad en su conjunto y lo que representa para la Universidad y para nuestra Facultad en particular.

Dos derechos  humanos fundamentales entran en juego: el derecho a la salud y el derecho a la educación, derechos insoslayables para nuestras sociedades que enfrentan, hoy, con variaciones de  grado, un incremento del grado de exclusión social; el desempleo; la corrupción y la desigualdad. Si estamos convencidos de que todos los seres humanos debemos gozar de estos derechos, de que la salud  y la educación públicas son instrumentos indispensables para el ejercicio de los mismos, de que el Estado debe estar por encima de los intereses particulares defendiendo a todos los ciudadanos, entonces, concretar este proyecto se constituye en una tarea insoslayable.


El derecho de las personas a la salud está reconocido en numerosos Tratados y Pactos Internacionales. La Constitución de la OMS afirma: “El goce del grado máximo de salud que se pueda lograr  es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano sin distinción de raza, religión, ideología política o condición económica o social”. Sin embargo, y a pesar de ser reconocido como derecho universal, se muestra esquivo para gran parte de nuestras poblaciones.


Los medicamentos constituyen uno de los pilares básicos donde se apoya este derecho. Accesibilidad, calidad, seguridad, uso racional representan hoy,  mucho más que categorías conceptuales. Los programas de medicamentos esenciales, genéricos, huérfanos, y demás políticas públicas farmacéuticas se enfrentan hoy a los poderosos intereses de las leyes del mercado, la desregulación y las privatizaciones.


Sin dudas, los medicamentos no pueden entenderse como una mercancía más, la salud no es una extensión del mercado. De ellos depende, en muchas ocasiones la vida o la muerte de una persona. Uno de cada tres habitantes del planeta no tiene acceso a los medicamentos básicos con regularidad y las tres cuartas partes viven en países periféricos donde sólo se consume un 8% de la venta mundial de productos farmacéuticos. No obstante, existe la capacidad técnica y financiera para elaborar estos medicamentos.


De los 10 millones de niños menores de cinco años que mueren anualmente, el 80% podría salvarse si tuvieran acceso a medicamentos esenciales. De hecho, el “proceso de Doha”, de la Organización Mundial del Comercio, sirvió al menos para  limitar los aspectos comerciales y situar el debate a nivel ético. En la actualidad es evidente que el derecho a la salud es una cosa y la expansión comercial otra.

Hoy no se puede dejar de considerar al medicamento esencial como un bien público. Y esta perspectiva hace que debamos responder a varios interrogantes:

 ¿Bajo qué forma se deberían organizar la investigación y el desarrollo de nuevos productos farmacéuticos, de manera tal que estén disponibles y sean de acceso inmediato para todos los que los necesiten? ¿Se debe seguir invirtiendo en medicamentos “me too” que inundan el mercado mientras escasean los básicos, esenciales y hasta existen los huérfanos de producción?


Estamos frente a un problema especialmente complejo en el cual intervienen protagonistas e intereses de origen muy diverso, que exigen un enfoque integral y multidisciplinario, donde la Universidad y esta Facultad tienen mucho para aportar. En este sentido, la reforma de nuestros planes de estudio, con la incorporación curricular de la extensión universitaria, el estudio de la problemática profesional, temáticas abordadas desde una perspectiva ligada a la bioética y los derechos humanos desde el inicio de la carrera, pretenden comenzar con este necesario debate y hemos sido pioneros en el país en estas reformas.


Si nos detenemos en lo que significa esta Planta para la Universidad, reconocemos prontamente los postulados reformistas, que dejaron atrás, ya en 1918, una institución universitaria cerrada, basada en dogmas incuestionables, para ser una institución que brindara respuestas a las crecientes demandas del momento, iniciando un diálogo de excelencia con su entorno, incorporando ciencias emergentes en un mundo en constante transformación. Dejó de considerar al estudiante como mero repetidor de ideas elaboradas por otros para considerarlo como ser pensante capaz de efectuar análisis propios y de sostener independencia de criterio.


Hoy, 91 años más tarde, nuestras necesidades vuelven a confluir. El desafío se centra en conjugar Docencia, Investigación y Extensión para formar profesionales que doten al conocimiento de su auténtico sentido ético, que lo manejen como herramienta para la construcción colectiva, que tengan conciencia del pasado y sean emprendedores frente al futuro, que intenten modificar la realidad con sentido solidario y ético, que, en palabras de Rubén Giustiniani
su libro Universidad, Democracia y Reforma, de manera consciente y activa repudien la injusticia social y sientan orgullo de su formación y  de trabajar en y para su país. En definitiva, consolidar la Universidad como instrumento esencial de modernidad, democratización y desarrollo en la Sociedad del Conocimiento, que no es la economía del conocimiento, sino la sociedad donde también el conocimiento es un bien público.

En este 2009, el desafío que encaminó nuestros pasos, debe repetirse para transitarlo con fuerza, compromiso social y calidad académica y científica. Si intentáramos resumir en una fórmula el reto que debemos asumir en este nuevo milenio, podríamos decir que: Conocimiento + Calidad+ Pertinencia+ Compromiso Social= Universidad Necesaria para una Sociedad sin Exclusiones ni Excluídos. 



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