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I+D / Investigación más Divulgación / Salud
Aceites cannábicos de uso medicinal


Una realidad que requiere urgente una política activa al respecto
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En las últimas décadas ha habido, tanto en EE.UU. como en Europa, un incremento en el consumo terapéutico de derivados de Cannabis sp, una temática que se ha vuelto en la actualidad de gran impacto también en nuestro país.

Esta visión más liberal del uso terapéutico de Cannabis es una tendencia que se viene instalando a nivel global y, entre otros motivos, se encuentra asociada a las limitaciones de la medicina tradicional para el tratamiento de ciertas patologías como la epilepsia refractaria, enfermedad de Parkinson, artritis reumatoide o dolores crónicos de distinta etiología, solo por mencionar las más frecuentes.

En este contexto, distintas organizaciones sociales han tomado protagonismo, fomentando el autocultivo y la preparación artesanal de distintos derivados cannábicos, atendiendo así en forma autogestionada las necesidades de numerosos ciudadanos que por distintos motivos deciden intentar su utilización.

Sin embargo, el vacío legislativo que existió hasta el año pasado y la falta de estándares de calidad para la preparación de los aceites hicieron que los usuarios, o sus cuidadores responsables en el caso de pacientes con alto grado de discapacidad, administren los productos (en general se trata de aceites) sin tener certeza de su contenido.

Acerca del Cannabis

Las plantas del género Cannabis son ricas en un tipo de compuestos llamados cannabinoides. Si bien existen al menos una centena de cannabinoides distintos, los más abundantes naturalmente son el cannabidiol (CBD) y Δ9 tetrahidrocannabinol (Δ9 THC o simplemente THC).

Sin pretender ser exhaustivos en el análisis de los datos existentes sobre la actividad farmacológica de estos compuestos se puede decir que el THC es el de mayor psicoactividad, mientras que el CBD posee actividad anticonvulsivante y analgésica. Además, se sabe que existen interacciones entre las vías de señalización de estos dos cannabinoides mayores (y de otros compuestos de la planta) que implicarían tanto sinergia como modulación de sus actividades.

La composición química de las plantas está influenciada por numerosos factores. Existe una variabilidad intraespecie que, en este caso, ha sido amplificada y modulada por cannabicultores y “criadores” de todo el mundo derivando en numerosas variedades con características observables, organolépticas y bioquímicas diferentes. Por otra parte, la misma variedad de planta rendirá extractos de distinta composición según como sean las características del suelo donde haya sido crecida, la temperatura, la cantidad y el tipo de luz recibida durante su crecimiento, el momento de recolección, el proceso de secado y el método de extracción utilizado. Dada esta variabilidad potencial, estudiar la composición química de los aceites cannábicos que están siendo utilizados no sólo constituye una respuesta a una preocupación pública, sino que es además el primer paso ineludible para identificar los compuestos responsables de la actividad. A continuación se propone, a modo de informe público, un resumen de la actividad realizada sobre este tema en la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la UNR con la intención de ordenar el debate y establecer algunas cuestiones altamente críticas que se han detectado.

 

Investigación y Estudios de casos

En nuestra Facultad se desarrollan distintos proyectos relacionados con el uso de productos cannábicos con fines medicinales. Las primeras acciones provinieron de este decanato, ante numerosas consultas de organizaciones sobre la posibilidad de realizar estudios analíticos de distintos materiales provenientes de plantas de Cannabis sp. Inicialmente, a través del Laboratorio de Análisis CG/EM de nuestra Facultad, se realizaron ensayos con la idea de evaluar la performance de la metodología y se pudo determinar perfiles de cannabinoides en extractos provenientes de plantas y de aceites. Con la colaboración del Laboratorio Industrial Farmacéutico (LIF) de la Provincia de Santa Fe para la obtención de los estándares necesarios, se establecieron las condiciones analíticas cuantitativas para determinar las concentraciones de los dos cannabinoides de mayor importancia: THC y CDB. Una vez puestas a punto las condiciones analíticas y ya promulgada la Ley de

Incorporación de Medicamentos a Base de Cannabis en el Formulario Terapéutica Provincial, que también avala la producción pública y el uso científico y de investigación, se decidió ofrecer el ensayo de determinación de cannabinoides a distintos actores del medio con el fin de tener un primer panorama sobre el tipo de productos que está consumiendo la población. Para ordenar el trabajo se decidió recibir muestras solo a través de Organizaciones Intermedias (como AREC, AUPAC o Fund. María Victoria). Las muestras se reciben codificadas sin acceso al nombre del paciente ni al productor (que en muchos casos no es el mismo paciente). También, en todos los casos, se aconseja la consulta médica y no se interviene en acciones de distribución o promoción de ningún tipo de producto. Paralelamente, se habilitó el uso de espacios áulicos para reuniones de las organizaciones que trabajan en relación con la Facultad como una forma de abrir la Universidad a la discusión, sin que esto signifique una toma formal de posición de la Institución sobre el contenido de los talleres y seminarios que se realizan.

A través de la Unidad de Optimización Farmacoterapéutica (UOF) que desarrolló nuestra Facultad conjuntamente con el Colegio de Farmacéuticos de la Segunda Circunscripción, también se empezó a recibir consultas de pacientes que realizaban tratamientos con derivados cannábicos. Los profesionales de la UOF comenzaron un trabajo de seguimiento de pacientes a través de formularios de evaluación de respuesta al tratamiento, con la idea de asociar la respuesta de los pacientes con la composición de los aceites. A este trabajo se sumaron profesionales de AREC y al seguimiento se incluyó una oferta de acompañamiento psicológico a los familiares de los pacientes son situaciones más complejas. Nuestra metodología de trabajo se sistematizó en un proyecto que fue, a partir de mediados de este año, financiado por la UNR a través de un instrumento de promoción de la Vinculación Tecnológica y el Desarrollo Productivo. Finalmente, durante todo el año 2017, hemos trabajado conjuntamente con el LIF, y más recientemente con la hermana Universidad Nacional del Litoral, para desarrollar un proyecto de producción pública de derivados cannábicos de uso medicinal.

De la experiencia analítica sobre alrededor de 200 muestras de distinto origen, podemos clasificar los aceites analizados en cinco grupos que se detallan a continuación. Esta clasificación no pretende ser una taxonomía exhaustiva, sino una sistematización a modo de divulgación hacia la sociedad de las observaciones de este período de trabajo, con la idea de alertar sobre ciertos problemas existentes y ordenar el debate.

Aceites Homeopáticos: Se trata de aceites que se describen como diluciones homeopáticas de extractos cannábicos, utilizando la expresión dilución homeopática en un sentido lato, esto es: una dilución extremadamente alta. Algunos de ellos indican en su presentación que “no contienen cantidades de compuestos derivados de Cannabis detectables por métodos convencionales”. Esto ha resultado completamente cierto ya que no fue posible detectar mediante cromatografía gaseosa de alta resolución cantidades de cannabinoides significativamente mayores al ruido analítico del equipo. Estos aceites, que pueden adquirirse por internet, son un gran fraude, aun siendo observados desde una perspectiva homeopática senso estricto, ya que las técnicas de dinamización (dilución y sucusión) utilizadas para realizar preparados homeopáticos se basan en la utilización de agua o alcohol como solvente y, hasta donde hemos podido averiguar, no existen en el repertorio homeopático preparados de base oleosa. La comercialización de estos aceites demuestra una falta absoluta de escrúpulos de parte de sus productores que venden a razón de $2.000 una botella de 50 ml ($40.000 el litro) de un producto que compran, asumiendo que se trate de aceite de coco o de oliva de buena calidad, por un costo de entre $200 y $300 el litro. La existencia de este tipo de fraude fue uno de los disparadores para decidir la redacción de este informe público; sin embargo, consideramos que también era oportuno proponer un texto un poco más completo, incluyendo observaciones sobre aceites de otro origen.

Aceite Charlotte´s web: Todos los aceites que se han analizado procedentes de la empresa “CW Hemp” han demostrado tener un alto contenido de CBD, en concentraciones acorde en lo indicado por los fabricantes, y muy bajo contenido de THC.

Aceite comercial de semilla de cáñamo: Se trata de aceite producido a partir del prensado de semillas de cáñamo (“hemp”, en inglés), denominación que reciben técnicamente variedades de Cannabis con contenidos muy bajos de THC. Estas variedades son cultivadas bajo cierta regulación para la producción de fibras (para la confección de sogas, hilo sisal, arpillera, etc) y aceites de uso industrial. Los análisis de los aceites con esta identificación demostraron que no contienen cantidades significativas de cannabinoides. Sobre este punto cabe una aclaración importante: los aceites de tipo Charlotte´s web también son identificados comercialmente como aceites de cáñamo. Esto es así porque la cepa que se utiliza para su preparación es rica en CDB, pero muy pobre en THC y por lo tanto le cabe esta denominación. Consideramos que esta es una situación sobre la cual también es necesario alertar, ya que la comercialización de aceites de cáñamo industrial (obtenidos por prensado de las semillas y muy pobres en cannabiniodes) por aceite de variedades de cáñamo ricas en CBD, obtenido por extracción a partir de las flores de la planta, también puede ser considerado un fraude.

Aceites comerciales artesanales: En lo que va del estudio se han recibido aceites que han sido adquiridos a través de páginas web o por contactos informales. En general estos aceites han mostrado tener concentraciones de cannabinoides más bajas que las que indican sus proveedores. También se observaron diferencias entre la composición indicada y la composición detectada en cuanto al perfil de cannabinoides (cuando es informada), particularmente en la proporción CDB/THC. En términos generales, los aceites comercializados informalmente son más ricos en THC que en CBD, aún en los casos que se indica lo contrario. Algunos de estos aceites poseen concentraciones de cannabinoides tan bajas que se hace difícil pensar que no se trata de situaciones fraudulentas también necesario de ser denunciadas.

Aceites artesanales: Los aceites artesanales representan el grupo más grande de la muestra analizada hasta el momento. Se trata de aceites preparados por familiares de pacientes o por cannabicultores solidarios que destinan parte de sus plantas a la producción de aceites para su distribución gratuita a través de distintas organizaciones. Las características de estos aceites han ido variando desde los primeros ensayos y los más recientes.

La primera diferencia tiene que ver con los perfiles de cannabinoides. Es evidente que la mayor parte de las plantas utilizadas para la preparación de extractos provienen de las variedades que se venían utilizando con fines recreativos, dadas las altas proporciones de THC que tenían todos los aceites analizados, los cuales en casi todos los casos carecían de CDB. En los últimos meses estos perfiles han ido cambiando y se han detectado aceites con relaciones THC/CBD más equilibradas (aunque siguen predominando los aceites ricos en THC). Este hecho tiene que ver con la difusión en el medio de variedades de plantas con contenidos mayores de CBD.

La segunda diferencia refiere a la concentración de cannabinoides, particularmente THC y CBD, en los materiales analizados. Los primeros aceites presentaron en casi todos los casos concentraciones menores de los que los productores artesanales esperaban o, por decirlo con más exactitud, predecían. Esta diferencia entre las concentraciones referidas por los productores y lo realmente observado fue en general importante, con valores cinco o diez veces menores lo cual sugería que se trataba de errores sistemáticos. En reuniones realizadas con los representantes de las asociaciones AREC y AUPAC se analizaron las condiciones preparación de los extractos y se pudo establecer algunas de las fuentes de estos errores de estimación de la concentración. En los últimos ensayos la proporción de muestras con concentraciones estimadas más cercanas a las reales fue en aumento, lo cual indica la receptividad de las asociaciones a la información que se le viene brindando por parte de la Universidad.

No es el objetivo de esta nota dirimir en forma definitiva la cuestión planteada sobre la efectividad de los derivados cannábicos, pero existen algunas cuestiones que no pueden dejar de ser mencionadas. A pesar de la situación de heterogeneidad descripta anteriormente, pacientes con distintas patologías han expresado efectos positivos asociados al consumo de aceites derivados de Cannabis. Observaciones de este tipo también pueden encontrase en la literatura científica en forma de numerosos reportes de casos y un número menos importante de ensayos realizados conforme a las normas de la investigación clínica. En resumen, si bien no se ha demostrado ningún efecto curativo de los compuestos cannábicos, la evidencia existente apoya su uso para el tratamiento de síntomas asociados a enfermedades crónicas con potencialidad discapacitante y tratamiento del dolor, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de los pacientes.

 

Nuevos desafíos

La planta de Cannabis fue utilizada con fines medicinales desde su domesticación hace al menos siete mil años hasta la década de 1930, cuando fue incorporada a la lista de sustancias prohibidas de la Oficina Federal de Narcóticos y Drogas Peligrosas de los EE.UU. Revisiones recientes de este proceso han demostrado que los argumentos que asociaban el consumo de Cannabis con actos de violencia social no se encontraban (ni se encuentran en la actualidad) sustentados por datos empíricos y que algunas compañías fueron impulsoras de la prohibición por considerar productos obtenidos de la planta como competencia de los propios (algunos ejemplos son Dupont, por el uso de fibras vegetales y el holding de las tabacaleras por el consumo recreativo). Sin embargo, como ya fue mencionado, en los últimos años ha habido un aumento de la aceptación del uso de Cannabis con fines medicinales y recreativos. También se ha incrementado el interés, tanto de centros universitarios como de compañías farmacéuticas, en la exploración de las posibilidades terapéuticas de los compuestos de la planta. En la actualidad existen varias formulaciones farmacéuticas preparadas a partir de extractos de Cannabis aprobadas por agencias regulatorias de países centrales, como el Sativex, que contiene cantidades similares de THC y CBD y fue aprobado en distintos países de la Unión Europea, Reino Unido, Canadá, Nueva Zelanda, Israel, México, Colombia y Brasil para aliviar los espasmos musculares en los pacientes con esclerosis múltiple que no hayan respondido adecuadamente tras la utilización de otros fármacos.

Este movimiento de revalorización de las propiedades de la planta de Cannabis se encuentra el pleno proceso de crecimiento y consolidación. Una muestra de ello es la explosión, a nivel internacional, de compañías dedicadas al cultivo y preparación de derivados cannábicos.

Vislumbrada en un futuro no muy lejano una solución a la cuestión sobre el uso medicinal de los cannabiboides, se plantean en la actualidad una controversia sobre la libertad para preparar extractos cannábicos por parte de las asociaciones que promueven el autocultivo. Paralelamente, no parece que el gobierno nacional pretenda aceptar la opción del autocultivo, ni promover seriamente la producción nacional de derivados cannábicos a escala industrial. Entendemos que el estado debe intervenir en esta situación, ordenando y regulando la producción y circulación de los derivados de Cannabis de uso medicinal. Tanto la Ley Nacional de Uso de Cannabis con Fines Medicinales (Ley 27.350) como la ya mencionada Ley Provincial (No 13.602) dan preferencia a los organismos nacionales de ciencia e investigación (Universidades, CONNICET, INTA) y a los Laboratorios de Producción Pública para la investigación, desarrollo y producción de productos derivados de Cannabis de uso médico. Sin embargo, las sucesivas reuniones organizadas por el Gobierno Nacional no han generado grandes avances y la discusión entre la posibilidad de regular a través de estándares de calidad el autocultivo e impulsar la producción pública en contraposición a la importación de productos ya industrializados parece haber empantanado el funcionamiento de las comisiones de trabajo. Desde la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de UNR entendemos que es posible trabajar para un ordenamiento de la situación, sumando la experticia de la academia a la las distintas ONGs que agrupan a los cannabicultores y consumidores medicinales con el fin de acompañarlos en el proceso de mejora y estandarizar sus productos. Por otro lado, se hace absolutamente necesario avanzar hacia la producción en la Universidad de extractos cannábicos con concentraciones de CDB y THC variables y exactamente definidas para organizar ensayos clínicos sobre las distintas patologías para las cuales ya se están utilizando, más o menos informalmente, estos extractos.

 

Miembros de los equipos de trabajo:

Area Farmacia Asistencial FCByF-UNR /UOF: Mercedes Salamano, Marisel Colauti, Mariela Bianchi, María Luz Traverso, Valeria Palchik, Nadia Pires, Lucía Dolza.

Area Farmacognosia FCByF-UNR: Marcos Derita, Melina Di Liberto.

Servicio de Cromatografía FCByF-UNR: Mónica Hourcade.

Planta Piloto de Producción de Medicamentos FCByF-UNR: Mauro Morri, Paula García.

Colegio de Farmacéuticos/UOF: Jorgelina Paciaroni, Vanina Tassone, Gastón Lillini.

Estudiantes FCByF-UNR: Cecilia Fernaud, Emilia Mulet, Georgina Rivolta, Renzo Carlucci.

AREC: Gabriela Anahi Ascolani, Karina Stechina, Daniela Morales, María Sara Espinosa.

AUPAC: Facundo Durán, Nicolás Montanaro.

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